18 de noviembre de 2016

DE LA INDIGNACIÓN A LA ACCIÓN

"Las restricciones que la educación
y la costumbre imponen a la mujer
limitan su poder sobre el universo".
Simone de Beauvoir

La guEl episodio presenciado hace algunos días, el cual despertó gran indignación en la opinión pública y hasta creó debate político en defensa y también en contra de los acuerdos de paz que giró en torno al rapto, violación y posterior asesinato de una niña de 7 años a manos de un hombre adulto y por demás acomodado económicamente en Bogotá no puede tratarse como un hecho aislado.

No se trata de restarle importancia a tan aberrante suceso, por el contrario, este episodio tiene que presentarse como una oportunidad, es claro no la más afortunada, pero si una posibilidad de tomar conciencia frente a las dinámicas históricas y sistemáticas de violencia en contra de las mujeres en Colombia.

No nos hemos permitido como sociedad hacer un ejercicio realmente reflexivo que gire en torno a reconocer nuestra responsabilidad frente a estos acontecimientos, que si bien no siempre terminan en escenarios tan macabros como del que fue protagonista la pequeña Yuliana, también es cierto que se nos presentan con más regularidad de lo que alcanzamos a asimilar y por tanto muchas veces terminamos por su naturalización.

Las acciones violentas en contra de las mujeres están tan arraigadas en todas las esferas sociales que desdibujan las consecuencias tan graves que la cultura patriarcal y machista ha ido dejando. Violencia sexual, física y verbal, amenazas, asesinatos, quemaduras con ácido, desprecio, señalamientos y sometimiento son algunas de las formas de las que día a día las mujeres son víctimas, algunas más graves que otras, si es verdad, pero ninguna justificable.

No hemos sido capaces de asumir que somos parte de una sociedad enferma, que produce individuos enfermos que repiten patrones de violencia que en muchos casos terminamos por normalizar. Definitivamente el problema no es Rafael Uribe y su adicción a las drogas, ni tampoco Maluma y las letras de sus canciones, la cosa va mucho más allá. El verdadero problema está en que criamos machos que se creen con el permiso divino de disponer del cuerpo femenino a su antojo y entre mas favorable sea su posición socioeconómica, mejor. El problema está en que mientras pedimos cárcel y hasta pena de muerte para personajes como Rafael Uribe, reforzamos el histórico papel de las mujeres en el hogar dedicadas a complacer a sus parejas en todos los aspectos así sea en contra de su voluntad y a renegar pasito. Que si por un lado pedimos que se saque un video de música en el que se denigra a la mujer por un pendejo como Maluma, por el otro obligamos a nuestras niñas a cumplir parámetros estéticos que terminan por cosificar sus cuerpos y los convierten en mercancía y negamos la posibilidad del enfoque de género y la educación sexual como parte de esencial de su proceso de formación. La vaina está en que no basta con la indignación momentánea que nos produce un trágico suceso como el de Yuliana si en nuestras acciones cotidianas seguimos permitiendo y reforzando las actitudes machistas de quienes nos rodean o las de nosotros mismos.

Rafael Uribe es un producto de nuestra construcción social y de las forma en como nos hemos acostumbrado a relacionarnos con los otros, es tiempo de hacer una evaluación realmente sensata de nuestro comportamiento como sociedad y país, caer en una reflexión profunda que ayude a modificar las estructuras que han permitido que estos episodios se sigan presentando y, más grave aún, que pasen a ser parte del olvido histórico que no nos deja avanzar.

Las sanciones penales no son suficientes, está mas que demostrado que la cárcel en un país como Colombia no arregla nada, debemos transformarnos como sociedad, tenemos una deuda enorme con la niñez de nuestro país y con el futuro que le arrebatamos a Yuliana.
M.C.S