18 de noviembre de 2016

TODOS NUESTROS MUERTOS DUELEN



La guerra nos pisa los talones de nuevo. Nos acecha la muerte como si aun tuviese cuentas pendientes con nosotros.

Hace dos días fueron Juaco y Mónica, no solo dos guerrilleros, fueron Juaco y Mónica.

Para construir paz tenemos que controvertir este sistema perverso que le quita el nombre a los niños muertos por desnutrición en la Guajira, que le roba la historia a los militantes de un partido político exterminado, que le arrebata el rostro a los soldados y guerrilleros.

En los noticieros nos cuentan, si, como números, simples cifras. Cuántos mas hay que poner, cuántos mas son necesarios?, “Ahhhh pero eran guerrilleros y no andaban por donde debian…” . La hora de las justificaciones tan satisfactoria para algunos. Pero no, ya no, no hay justificación, los asesinaron. A Mónica y Juaco los mataron.

Quién se responsabiliza de estos muertos, si se llamaran Tomas y Jerónimo y tuvieran apellidos pomposos pesarían más?. Por qué unos nos duelen más que otros. Todos nuestros muertos duelen.

El odio encarnado en nuestra sociedad producto de años y años de labor de unos pocos no nos permite el dolor y el duelo.

Nos acostumbramos al sonido de las bombas y las balas tanto que nos molesta el silencio que nos recuerda nuestra responsabilidad en esta guerra. La responsabilidad que asumimos cuando justificamos la muerte y la naturalizamos en cifras.

Nos merecemos otro país de eso estoy convencida, pero Juaco y Mónica también lo merecían y se lo arrebataron, no son solo dos guerrilleros, a Juaco y Mónica los mataron. Les quitaron la posibilidad de construir un mañana diferente y privaron a Colombia de dos jóvenes con sueños, pero no solo eso, con su partida también vuelven el miedo y la zozobra.

No nos podemos dejar quitar lo que con vidas enteras hemos conseguido, no hay que pagar mas deudas a la muerte, es hora de levantar la cabeza una vez más, es momento de hacer los duelos de quienes han partido de manera digna, devolviéndoles el rostro, la historia, el nombre y la voz.

No fueron dos guerrilleros. Se fueron Juaco y Mónica y no estamos dispuestos a dejarnos quitar más.
M.C.S